Tres bandas que fusionaron en XLR: Transformando, nunca muriendo, siempre mutar

 

Por Micaela Ayala. Foto: Gentileza Romina Vallejos para Gonna Go.

El domingo 19 de noviembre la fiesta llegó a San Miguel. El conurbano supo detonar con un XLR Club repleto, donde gente de varios rincones de Buenos Aires se vino a ver a tres de las bandas más representativas de la nueva generación que dieron un show digno de un pre feriado. Huevo, Lo’ Pibitos y El Kuelgue, bandas amigas que transmitieron ese sentimiento a su público. 

Huevo abrió la noche con el rock más power y hasta por momentos nostálgicos que te recuerda a las grandes bandas argentinas de los ochenta, pero no te dejan aferrarte a eso, porque a los segundos el rock se tiñe con el jazz y el ambiente se calma. Así te sumergen en unos vaivenes musicales de puro disfrute que te llevan de un lado al otro. Julián Baglieto, líder del grupo (integrado además por Sebastián Lans, Julián López Pisani y Tomás Sainz), lleva un apellido importante que relacionamos inmediatamente con su padre y músico, Juan Carlos Baglieto, pero que va formando su carrera y nos da la posibilidad de una banda que promete y mucho, una nueva propuesta, un nuevo rock que preparó al público para lo que se venía.

Luego se le dio paso al funk. Lo’ Pibitos sí que saben crear una escena mientras tocan. La banda oriunda de Villa Crespo que mezcla el rap con el funk vino a hacernos bailar, no hubo rincón de XLR que no haya sido ocupado por ellos. Tomás y ‘El Dog’ líderes de la banda, interactuaron todo el tiempo con su público, generando una química fiestera entre todos los que nos encontrábamos ahí. ‘A Punto Caramelo’ es su último disco y fue del que más sonaron temas. ‘Bienvenidos al presente’ que lleva una intro de Divididos dejó en claro que el rock y el rap generan una fusión que cada día está más aceptada, que el rock ya no tiene reglas y que hay que animarse a mezclar. En su último trabajo, Lo’ Pibitos tienen colaboraciones de integrantes de su banda amiga, El Kuelgue. Por eso el primero en sumarse al escenario a cantar ‘El Ritmo de la Vida’ fue Julián Kartun. Después fue el caso de Pablo Vidal, saxofonista de la banda que los iba a proceder, que tocó ‘El cielo espera’ uno de los grandes clásicos.

“Qué lindo que es tener buena compañía, siempre Lo Pibitos en sintonía” dice la canción ‘Sintonía’ del primer álbum de la banda. Sonaba a coro por pibitos y pibitas que le hacían honor a dicha frase. La noche cada vez estaba más amiguera. El funk estaba punto de retirarse pero decidieron hacerlo fusionando como de costumbre. Un cover de Sumo empezó a sonar, ese que conocemos todos ‘La rubia tarada’ sólo que de repente todos la estábamos rapeando y el groove cerraba el show de Lo Pibitos.

Ahí estaba la banda que muchos estaban esperando. Persona que va a ver a El Kuelgue sabe que se va a divertir, que va a bailar y que la energía que se comparte es transmitida por ellos. La base de esta banda es la mezcla de música y actuación y su clave es el humor, cosa que a los integrantes no les cuesta mucho. Julián Kartun interactúa tanto con el público como con Santi Martínez, tecladista y segunda voz; entre ambos es pura risa, anécdotas y chistes relacionados con la actualidad.
Fue una noche movidita, tocaron todos temas bailables. Arrancaron con ‘Sin Parangón’ y después de ahí no pararon. De baile a pogo, de pogo a cumbia como suelen ser su recitales. No faltó el clásico ‘Una guacha piola’ donde Julian dejó el micrófono en manos del público. La gente estaba tan distendida gritando o bailando con el que tenía al lado que no se dio cuenta de lo rápido que pasó el show. Sin notarlo, ya estaba sonando ‘Tema del Verano’ con el que comúnmente cierran y así fue. Pogo y agite para dar finalizada la madrugada.

Tres bandas que pisan fuerte, que crecen cada día más y que no le tienen miedo a la fusión. Se necesitan bandas así con nuevas miradas no atadas a nada.

 

 

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