The Kooks: 10 años… y contando

 

Por Yaco Weiman.

La historia, por lo general, se basa en la enumeración y análisis de hechos a lo largo del tiempo, llevando a la investigación y documentación de los mismos. El mecanismo es más o menos el mismo en todos los ámbitos: pasa algo, pasa el tiempo, alguien lo pone en papel y listo, es historia. El arte funciona de formas inesperadas, y hay veces que no alcanza con los hechos para dar una representación fiel. La música… es un quilombo. Los sucesos son importantes y necesarios para que pasen cosas, pero hay TANTOS factores a tener en cuenta cuando se trata de vibraciones organizadas en frecuencias audibles, que sería totalmente inútil tomar un enfoque tradicional para hablar sobre los últimos 10 años en la vida de estos individuos británicos. Por eso vamos a mezclar un poco las cosas y, por lo menos por la extensión de este escrito, ahorrarnos los tecnicismos y contar una historia un poco diferente:
¿Alguna vez empezaron a conocer a alguien antes de que siquiera empiece a mostrarse en tu vida? Algo así pasó por 2004. Como producto de rumores, escuchas sobre una persona divertida, frecuentadora de fiestas a las que no fuiste, en las que llamó la atención de todos con su sonrisa constante, buen humor y ánimo de amigarse con todos. Ya conociste a gente así antes: una neoyorquina nacida en cuna de oro que resultó ser muy cínica, y hace poco que te venís hablando con otro inglés de Sheffield que no para de contarte sobre las aventuras nocturnas que tiene por su pueblo. Pero esta vez es diferente: nunca le habías dado bola a Brighton, y todo lo que te llegaba tenía cierto aire de teléfono descompuesto. Algunas anécdotas eran diferentes o se mezclaban según quién te las contaba, hasta que el primer dato concreto llegó a tus oídos. Un demo, 14 temas. Eso es mucha información de golpe, pero no tenés nada que perder y escuchás. Con un carácter claramente casero, el conjunto de ideas tiene su atractivo, pero por falta de un conocimiento formal, no querés adelantarte.
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Dos años después, todavía te acordás de aquel demo, pero perdiste toda señal de vida de su autor, pensando que se aburrió de las fiestas y te sacó las chances de comentarle lo que te gustó. Pero es este día en el que se aparece de imprevisto en la casa de un amigo. Tus suposiciones son correctas: a simple vista es un cualquiera, pero cuando abre la boca saca todo su encanto. Le comentás sobre su música que te llegó, y al instante se va a buscar la mochila que dejó tirada. “Tiene algunas canciones cambiadas, pero creo que suena mejor”, y te da un CD. ‘Inside in/inside out’. ¿Qué carajo significa? Él no tiene muy claro cómo explicártelo, pero no te hacés problema. Algunas charlas y chistes boludos después, se va sin antes pasarte su número para que sigan en contacto y le digas que te pareció el disco.
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Todo ese carisma inmaduro y falta de interés en cambiar al mundo se ve reflejado en los 12 tracks. ‘Seaside’ suena como algo que cantaría un hippie chamullero en un fogón, pero tiene más onda, y desde ahí, un recorrido por las cosas simples, sin complicarse para contarlas y que te sea fácil recordarlas. Es ese sentido despreocupado y poco serio el que te mantiene enganchado: envidiando a otro con ‘Eddie’s Gun’, throwing shade en ‘You don’t love me’ , creyéndose rey de las calles en ‘Matchbox’, buscando una amiga ebria en ‘Naive’, o recordando a una tal Jackie y el apodo que se ganó por sus grandes… atributos. Definitivamente es todo lo que esperabas y más. Le mandas un mensaje, lo felicitás por sacarte una sonrisa y le preguntás cuándo se lo podés devolver, a lo que te responde que te lo quedes, que por algo te lo dio y no te pasó el link de Myspace. Entre otras cosas, te cuenta cómo uno de los temas, ‘She moves in her own way’, empezó a sonar por las radios y no lo puede creer, a lo que lo que te disculpás por no haberlo felicitado antes, ya que no sos muy habitué de las emisoras.
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Las conversaciones siguen, ya fuiste a varios recitales y no podría estar mejor, pero sentís que te está ocultando algo detrás de esa personalidad burlona. No existe ser humano sin problemas, y está tratando con todas sus fuerzas de parecer la excepción a la regla… pero todos ceden con el tiempo. Agotado por tanta gira, decide encerrarse de vuelta para grabar, buscando más historias divertidas que narrar, sin encontrar muchos resultados. Cree que es tiempo de abrirse y mostrar sus cicatrices que tapa esa capa infantiloide simpática: todo el rencor que no pudo sacar a la luz en ‘See the sun’ y ‘Always where I need to be’, su aferro incurable al pasado en ‘Sway’ o ‘Gap’ (de cual ya habías tenido una experiencia previa años atrás con el demo), y ‘Do you wanna’ o ‘Shine on’ como forma de decir que ese pícaro que ya conocíamos sigue ahí, ese ‘Mr. Maker’ para el que todo va a estar bien. El título del nuevo material homenajea a su templo del momento, Konk Studios, creado por The Kinks, una gran influencia. La esencia se mantiene, la profundidad aumenta, y no podrías estar más feliz de que haya expuesto sus demonios al fin.
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Junto con lo visible, ‘Gak’ permanece hasta el día de hoy como un lado B que quisiera que hubieran escuchado más, una visión profética de lo que vendría, incluyendo baladas a la melancolía y el amor como ‘Fa la la’ o ‘Watching the ships roll In’, clásicos en alguna dimensión alternativa.
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Los años subsecuentes parecen ser una batalla constante, entre sus quilombos, su amor por lo que hace, el costo que le pone, y el exponencial crecimiento en importancia que tiene en vos. Por momentos parece excederse con su cariño a niveles empalagosos, otros es una maquina de feromonas con todo lo que que se le pasa por delante. Este choque anímico se encapsula con el nombre más apropiado: ‘Junk of the heart’. Un corazón que no sabe cómo quiere ser, y un montón de gente expectante de sus cantos. La cara melosa invade piezas como la que le da título al disco, ‘How’d you like that’ o ‘Eskimo kiss’; mientras que ‘Fuck the world off’ deja rienda suelta a las hormonas revueltas. Off the record te dice la gran influencia que tuvieron cierto cuarteto de insectos oriundos de Liverpool en estos nuevos temas, aunque ya lo sabías después de escuchar alusiones al sargento Peppers en ‘Time above the earth’ o ‘Killing me’. Sin embargo, este resulta un plato difícil de digerir al principio, confundido por su dirección más melódica y ligera, pero finalmente enamorado por su diversidad lírica, como una fusión simbiótica entre ese pendejo jocoso y un humano con defectos y dolores. Está confirmado: es amor. No en el sentido erótico o de atracción, sino un amor intelectual, conceptual y emocional artístico. Se le podría ser admiración, pero el sentimiento es más fuerte.
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Durante este tiempo posterior no podés dejar de pensar en sus poesías, su música… pero su silencio es tan grande como la importancia que tuvo en tu vida. Su regreso parece improbable, no sabés si este fue su último suspiro, un último esfuerzo por dejar todo lo que es. Todo apuntaba ahí hasta que apareció ese corazón azul, ese llamado con una sola palabra: “Listen”.
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Es diferente: más producido, definido y moderno. A una escucha temprana, suena como un intento forzado de pertenecer a un ambiente al que nunca se quiso meter. Aquel de grandes éxitos para masas, formulaicos y serializados industrialmente: el mundo del pop. Pronunciar su nombre y ese género en una misma oración te aterra, como si la traición fuera inminente, y en tu cabeza retumba esa oración trágica: se vendió. Todo el mundo la dice, tratando de convencerte de dejar tus convicciones y ver las cosas como son. No lo querés creer, y decidís esperar. Escuchar y esperar.
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Los singles siguen apareciendo, reforzando esta idea nefasta. “No puede ser, no puede ser”, te repetís mil veces, y callás a todo ser que quiera romper tus sueños.
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El resultado final sale, y encontrás la verdad. Este no es un producto de fin comercial sucio e hipócrita, sino una muestra de crecimiento. Ese pibe dejó de serlo. Tiene su recorrido hecho, su familia formada, y mucho que contar. La diferencia más notable, las nuevas formas que tiene para hacerlo: mezclando géneros como el hip hop y soul en ‘Sweet emotion’, el neofunk de ‘Forgive & forget’ o ‘Sunrise’, el synthpop en ‘Are we electric’ o ‘Westside’, culminando la transformación reinterpretando la música popular con giros como ‘Down’ o el inicial ‘Around town’. Un poco de ese pasado indie queda en ‘It was London’, pero es la pieza introspectiva de este disco la que completa el ciclo. ‘See me now’, así como lo fue Mr. Maker o Mr. Nice Guy, es una mirada hacia lo que es, fue y quiere ser. Reflejado en su naturaleza progresivamente grandilocuente, muestra el camino de un hombre que hizo lo que quiso siempre que pudo, y ahora llega a aceptar el hecho de que creció, pero no por ello tiene que olvidar todas sus facetas. La experimentación es parte de ser joven, y viendo qué era lo que le faltaba, es momento de que vos también lo aceptes tal cual es.
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El año pasado quiso regalarte un álbum de recuerdos, una representación de toda su historia juntos, ahondando hasta los lugares más recónditos de la misma. Sin embargo, no pudo quedarse solo con este Best of, agregando un …so far, guiño a que esto no va a terminar en ningún momento cercano. Para recalcarlo, incluye dos nuevas piezas: ‘Be who you are’ para recordarte que ese bobo carismático sigue ahí, y ‘Broken vow’ como una ventana al futuro. También incluyó un remix, y terminó convirtiéndose en un disco entero, y hasta el día de hoy te sigue sin cerrar, pero lo dejás pasar. 10 años pasados… y contando.
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A veces uno puede conocer a una banda tanto como una persona: saber sus chistes de memoria, abrazar sus inseguridades hasta que se vayan, enamorarse perdidamente y morir extrañando. Los Kooks son ese tipo de persona, y qué ejemplo para dar. Actualmente, Hugh, Peter y Alexis son hombres de familia… y Luke tiene un puesto de sushi en Londres, un logro igualmente remarcable. Pero frente a todo, su música se convirtió en parte de muchos de nosotros; sus letras y relatos un lugar donde identificarnos y no sentirnos solos en nuestras cabezas alborotadas.
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No tengo idea qué puede devenir, y aunque sepa que no va a pasar, sólo tengo dos cosas que decir: gracias, y citando a mi primer contacto con ellos, just don’t let me down.

 

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