“Si no canto lo que siento, me voy a morir por dentro”. ESTRELICIA: el unplugged de Spinetta cumple 21 años

 

Por Gabriel Dávila.

El icónico disco que Luís Alberto Spinetta hizo para la cadena MTV cumple la mayoría de edad, y desde ATE analizamos lo que significó esa tajada de poesía justo en el ojo de tormenta del
mercado.
Dos años antes, el maestro Carlos Alberto García Moreno lo presagiaba en otro MTV. “Dedicado a Luís Alberto Spinetta” decía Charly García sobre el amanecer de los acordes de ‘Rezo por vos’la canción que habían escrito juntos, y la indómita luz del flaco se empezaba a hacer carne en la señal norteamericana. Ya nada la detendría.
Cuando en 1997 Spinetta se decidió a hacer el disco, las negociaciones no serían fáciles.
La cadena era un monstruo en su auge. Había llegado a Argentina en 1993 y con la explosión de la televisión por cable se transformó en el paso obligado de todos los músicos que buscaban
reconocimiento internacional.
Por sus acústicos pasarían (y pasan) las máximas estrellas de la música a nivel mundial. El trato era fácil: la multinacional producía el disco y lo promocionaba con las posibilidades que daba el eterno dinero de los noventa. A cambio los músicos le aseguraban la rentabilidad con un disco de hits.
Trató que en mayor o menor medida cumplieran todos los artistas. Todos los artistas, menos él.
Cualquiera que conozca la obra de Spinetta sabe que nunca se copó con tocar los clásicos, postura que no iba a cambiar ni por todo el dinero del mundo.
Luís en esos años tenía la banda Spinetta y los Socios del Desierto, que formaba con Daniel Wirtz y Marcelo Torres, con una estética y sonido de “power trio” que solía presentarse en Buenos Aires con un estilo único y con canciones siempre nuevas.

No había lugar para lógicas de mercado o especulaciones de oferta y demanda en el mundo del
creador de ‘Artaud’, por más neoliberales que fueran los vientos.
Ni ‘Muchacha’, ni ‘Seguir viviendo sin tu amor’ serían parte de la placa. Ni siquiera ‘Cheques’, el corte de difusión del trío que en ese momento sonaba en los medios.

“Cuida bien al niño”
Para saber un poco más de ese trabajo hablamos con uno de sus protagonistas: Juan Carlos
“Mono” Fontana, quien fuera el tecladista de la placa y músico regular en esos años en bandas
como Spinetta Jade y Los Socios del Desierto.
“Recuerdo que para esa ocasión llevó varias canciones nuevas que no eran claramente las que la productora buscaba que toquemos. El Flaco siempre fue fiel a su propio sentir mas allá de lo que se supone tendría que ser un artista de su calibre”, explica Fontana.
“Fue un disco muy emotivo tanto para mí como el resto de los músicos que lo acompañamos. Luís fue un artista único pero que no se proyectaba a nivel internacional y este trabajo fue algo especial en un momento especial en su vida”, recuerda.
Fontana es un multi-instrumentista de los más destacados del continente con una formación muy clara de jazz, algo que destaca en ‘Estrelicia’ y le da un sonido único.
Sobre ese rastro musical del disco, Fontana destaca que “si bien es verdad que tiene elementos de jazz, Luis tiene su base en el rock y es una línea muy fina, ahí es donde estaba el compromiso de sus músicos para respetar su impronta tan original”.

El disco Estrelecia

El disco abre con ‘Durazno sangrando’, canción que apareció en 1975 en el álbum homónimo del grupo Invisible. La canción es un punto de partido perfecto. Toda la potencialidad de la fusión de estilos que veremos en casi 2 horas se despliega en algo más de 4 minutos.
La poesía de Luis encuentra un traje ideal gracias al piano jazzero que nos regala Mono Fontana. Sólo con eso ya está pago cualquier precio por estar ahí.
“‘La montaña’ engancha enseguida con naturalidad exacta. “De la mitad de las sombras / la mitad partida siempre / Sólo quedan las alturas / sólo quedan las alturas”. El poeta pasa por cada frase con ‘Los socios de desierto’ suavizados al extremo para saborear cada palabra. Luis, atrás de unos lentes oscuros gigantes se hace aún más grande.
Como en toda su obra, nunca nada jamás sonará forzado. Aunque los acordes caigan en cascadas víctimas de las más absoluta libertad, todo se ordena y armoniza antes de llegar a los sentidos.
“Preparamos muchos temas que finalmente no se tocaron. Luis tenía una lista infinita de
posibilidades de canciones para mostrar, de todas las épocas con ese toque en sus tonadas , como le gustaba decir, tan originales en los textos en la música en su interpretación”, recalca Fontana.
Llega el turno de los estrenos: ‘Fuji’, ‘La miel en tu ventana’ (escrito en los días de ‘Almendra’ y
acompañado en el acordeón por un músico de aquella banda como Rodolfo García) ‘Tu nombre sobre mi nombre’ y ‘Tu vendrás a juntar mis días’ vienen a afirmar la atmósfera intimista con suaves historias de amor que el maestro quiere darle al concierto y al disco.
El binomio en consecuencia que protagoniza ‘Laura va’ (imprescindible pieza del disco ‘Almendra’y ‘Jazmín’ (otro estreno) es acompañado por la Orquesta de Miami dirigida por Carlos Franzetti, quien lleva la poesía a otro lugar.
La nostalgia y la tristeza tiran paredes y se visten de belleza en dos de las más hermosas letras del cantautor. Ambas rondan por la idea de la soledad. ‘Laura va’ es una mujer que vive in desarraigoen busca de una vida mejor. “Laura va / Lentamente guarda en su valija gris el final de toda una vida de penas/ Laura ve / Unos pasos la alejan del pueblo aquel/ Donde ayer jugaba al salir de la escuela”.
Mientras que ‘Jazmín’ es la historia de un amor no correspondido “Caído de un amor / nunca
encontrarás / luces donde mirar/ ni piel donde morir” para terminar con un desgarrador: “Oh, jazmín, de tus ojos no podré volver” todo acompañado por una iluminación precisa y efectiva.
Promediando el show la luz se hace aún más tenue y sólo queda iluminado Spinetta y su guitarra en un azul claro para hacer una para la tribuna (sólo un poco) y regalar, para la alegría de la cadena de las 3 letras, un puñado de clásicos de su repertorio.
‘Todas las hojas son del viento’, ‘Plegaría para un niño dormido’ y ‘Barro tal vez’ sólo vestidas
de la voz almendrada y rabiosa de Spinetta (sobre el final aparece inmenso Fontana) llenan el aire de magia.
‘Tía Amanda’, ‘Mi sueño de hoy’, ‘Yo quiero ver un tren’ y un instrumental a puro jazz de 5 minutos llamado ‘Garopaba’ cierran la placa magistralmente.
En total fueron 17 temas de los cuales 13 fueron seleccionados para la edición final del disco. En cuanto al programa de televisión, dio como resultado el Unplugged más largo hasta la actualidad de 1 hora 40 minutos, del cual se hicieron dos versiones (una estándar y otra completa).
Ya en Buenos Aires la banda hizo cuatro shows en el teatro Gran Rex -noviembre de 1997- que
constó de dos partes: la primera respetando la estética y el sonido desenchufado y la segunda con la fuerza que caracterizaba a los ‘Socios del desierto’.
Este no es un recital/disco que sólo habla con palabras y sonidos. Cada luz, cada color, cada
sensación que pasa por los sentidos tiene una explicación. Y lo mejor es que cada sensación busca trasmitir y no alterar, como solía hacer MTV por esos años. Spinetta aturde con susurros de arte y es que “la montaña es la montaña”.

 

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