Rocco Posca: fervor adolescente

Por Gerardo Notararigo. Fotos por Alejandro Minniti.

Faltan unos minutos para que el sábado 9 de marzo termine y en pleno corazón de Palermo las hormonas de Rocco Posca se empiezan a alborotar como bosón de Higgs, hay agite en el camarín. Si este potrillo no corre es porque no quiere, porque sangre le sobra. Al hijo de Favio el under le sienta bien. Hasta la elección del telonero es precisa, Gustavo Manzanares más conocido como ʹGuasʹ, quien supo ser el asistente de dirección del espectáculo ʹFucking Fucking Yeah Yeahʹ de su padre, será el encargado de abrir la noche con un puñado de canciones efectivas.

En el patio de la Tangente un loco sentadito en una silla pica unas flores sobre un billete de 5 pesos, un buceador devenido en solista saltinbanquea con cara de felicidad y en la ambiente sobra un clima de postrock porno psicodélico. El escenario rebalsa de wats y amplificadores valvulares con una planta para cuarteto potente y analógico. Será porque el ʹhijo deʹ que va tomando identidad propia eligió para la grabación de Fervor, su segundo disco, el vinilo y las cintas magnéticas, todo bajo la atenta mirada creativa de su productor Gordon Raphael.

A las dos de la mañana el potrillo salta al escenario de vintage traje celeste, con enormes solapas y patas de elefante, prolijo, estético, con un mar de rulos negros y la guitarra, siempre la guitarra, Rocco encarna un Jack Withe argento que no desentona para nada en estética y fiereza musical al original, rasga los acordes melancólicos de ʹEl fruto de mi corazónʹ.

El club musical de la calle Honduras no está al tope, pero en estos días de crisis el marco de público es excelente, y ʹPosquitaʹ lo exterioriza, “no pensé que seriamos tantos, es que soy un poco pesimista” dice, y marca cuatro para ʹMonkey Manʹ que ya tiene pinta de hit, la lista de temas recorre piezas del nuevo y del anterior disco, en estos tiempos de centenials donde lo grabado suele sonar igual al vivo, este cachorro se despega y suena fantástico, casi como un beso Cortazareano con “la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura” entonces se queda solo con su guitarra, su mejor amiga, hacen Brujos e invita a un tipo que “Tiene unas letras y un espiral en el pecho que me parece enorme, Francisco Bochatón a dúo y solo con la guitarra del pibe como aporte entregan una desgarradora y distorsionada versión de  ʹPastillas celestesʹ del ex Peligrosos Gorriones.

Hasta el final todo goza de una belleza que contiene esa atmosfera pesada del rock y que escasea tanto en estos días, está bien, está feliz, de postre sirve ʹTodo Okʹ acompañado como toda la noche de Simon Svasemberg, Martin Bosa y Federico Estevez, sus nuevos mejores amigos, cada paso que está dando es inteligente, artístico, rockero y es un pequeño gran paso en el vacío, vacío que llena con esteticismo y musicalidad, como la tapa de su flamante disco, con un pie en el banquito y el otro en el aire, Rocco Posca es puro (y es) ʹFervorʹ.

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