Holms atraviesa la cuarta dimensión en El Cubo

 

Por Yaco Weiman | Fotos Sofia Rotella

Irónicamente, hablar de renovación en la escena del país no es nada nuevo. Contando con una diversidad nunca vista, el rock y pop de industria nacional pasa por momentos de fragmentación musical y unión colectiva en simultaneo. A tal punto llega la masificación de esta corriente experimental que resulta muy fácil caer en la pretensión y tachar muchos “clones”. Esta noche demuestra lo contrario.

El espacio juega un papel fundamental: una amalgama del formato teatro con el espíritu del centro cultural; un ambiente popular con calidad de estudio. Acomodados por orden de llegada, El Cubo nos da la bienvenida a este nuevo ciclo y les abre el escenario a York, acto de apertura y primero de dos en esta velada. No contentos con sus acordes abiertos y colchones sintetizados, la orientación envolvente de sus instrumentos nos da un abrazo retromoderno a lo largo de su repertorio, fusionando nuestra cultura indie con los patrones intrincados del jazz o el misterio del trap, siendo interrumpido momentáneamente por misiles de fuzz y saturación.

El telón se cierra, y después de un par de ajustes se convierte en un manto holográfico. Detrás, figuras incandescentes comienzan a llenarlo de sombras, siluetas desconocidas, augurando la revelación. Seis perversas cuerdas ejecutan los primeros arpegios, una voz biomecánica  recita, y el portal ya se está abriendo. Hipnotizados por un discurso provocador y fatalista, no nos damos cuenta del contraste entre una percusión electrónica e industrial con la gentileza de un piano, y a medida que avanzamos, nos dejamos atrás para entrar en este abismo espiral.

Las palabras suenan y se hacen imagen; las vibraciones se meten dentro nuestro y se hacen tangibles; e inevitablemente, sucumbimos al trance proveniente de estos seres, o quizás, de los triángulos ambarinos en sus frentes. Como si el tiempo no funcionara, ahora nos encontramos en una época difusa, recibidos con un blues cyberpunk cantado por una voz tan seductora como diabólica. La geografía también parece distorsionarse, las distancias se vuelven relativas, y las reverberaciones dejaron de tener un orden hace tiempo.

Coros tribales y melodías supersticiosas recorren nuestro espacio como manadas, como entes vivos que respiran y se materializan más allá de lo sonoro. La densa capa del aire sigue siendo atravesada por los asfixiantes haces de luz, siendo participes y testigos de la confusión experimentada al entrar a este universo paralelo de forma casi involuntaria.

Sin importar el lenguaje o código, ya dejamos de distinguir nuestro entorno.

Cuerdas vocales manipuladas, cortadas y deformadas conforman un coro del cielo digital, y me siento obligado a parar este relato y preguntar: ¿alguna vez perdieron el rumbo de la realidad?

Lo último que recuerdo es descontrol, como una fiesta del futuro, completa de júbilo y distopia. Ya no sonaban instrumentos ni voces humanas, o por lo menos no lo parecían. Todos estábamos ahí, tan ausentes en nuestra presencia, deambulando con las mentes un terreno lleno de elementos vagamente conocidos, opacados por la inmensidad de lo nuevo. La sensación borda lo abrumante, sedándonos con una dosis adrenalínica de estímulos tan adictivos como desconcertantes. Y voy a abandonar las formas para comunicar lo único que se repitió en mi cabeza durante todo este tiempo: no entiendo nada, y me encanta.

Al volver, nadie se movió de su asiento en ningún momento, pero todos abandonamos este lugar hasta recién. Presos de una trampa sensorial, estos individuos de sensibilidades patagónicas y aspiraciones intergalácticas nos abrieron una puerta a otro plano, uno donde nada y todo tiene sentido; donde no somos más que conceptos, entidades observadoras de un fenómeno mucho más grande del que podemos comprender, pero si podemos recibir y contemplar.

Hablar de renovación en la escena de este país pierde significado cuando estamos en otra dimensión.

Y esa dimensión ya tiene nombre: Holms.        


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Un comentario sobre “Holms atraviesa la cuarta dimensión en El Cubo

  • el 24 octubre, 2018 a las 2:45 pm
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    Estuve en el show, fui a ver Holms porque me lo recomendaron.La magnitud de la propuesta superó todo lo que esperaba, podía estar sucediendo en Philadelphia, Londres, Paris o… en Buenos Aires. Una gran noticia para la música, ha nacido HOLMS.

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