Acru, Inti y Esteban, 3 de tantos jóvenes que se vuelcan al rap como forma de protesta


Por Gabriel Dávila.

Desde que el mundo es mundo, la música aparece como una forma de enfrentar a la malaria cuando se quiere llevar todo puesto. A fines de los ochenta, en años de hiperinflación, el punk rock y la onda “ramonera” fueron la banda sonora de la clase obrera empobrecida. En 2001 la cumbia villera sonaba entre clubes de trueque y nefastos helicópteros, y hoy -tiempos de balas baratas y canastas básicas caras- el rap y el hip hop parecen copar la parada entre los pibes que te sopapean a verdades si estás mirando para otro lado.  

Tal vez te interese escuchar: “El freestyle estaba estigmatizado” por WOS (videonota)

Un tren que va en hora pico repleto de gente y rutina. Cualquiera que haya vivido esa imagen sabe de la incomodidad extrema de la que hablo. Sabe que significa no poder moverse, la respiración ajena, los pisotones, los empujones. No debe existir una muestra más grande de lo trágico de lo cotidiano del laburante que un tren infectado de personas.
Difícil en ese contexto encontrar arte, emoción o talento. Y sin embargo, el mundo es tan raro que pasa.
Una voz adolescente pide “un aplauso” desde algún lugar del tren y enseguida otra voz –también muy joven- empieza a  hacer beatboxing para dar el pié de iniciación al rito.
Esteban no tiene más de doce años. Su estatura hace que no lo vea entre tantos, pero a pura rima empieza a contar su historia a todo el vagón. Su desgarrada historia disfrazada de rap y acompañada por una base rítmica por algunos pesos. Ese es el trato.
Esteban cuenta a los anónimos camino a Constitución, que tiene 6 hermanos, que su padre lo abandonó y que su madre decidió tenerlo a pesar de estar en la calle. Cuenta que vendía alfajores y que al no poder reponer la mercadería, aprendió a rapear. “Como no pude comprar aprendí a rimar”, dice en su canción.
Probablemente no leyó a Arlt cuando aseguraba que “el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo”. Quizá tampoco escuchó ese punk desafiante de Superuva o Dos  minutos de principios de los noventa, que desde Valentín Alsina denunciaban la canasta familiar vacía.
Seguro no había nacido cuando Viejas Locas retrataba al obrero que llegaba a su casa rendido de todas las formas posibles o cuando Meta Guacha cantaba no tan para joder “Soy negro de abajo con el alma blanca”.
Sin embargo, Esteban lleva  en sus estrofas esa misma capacidad de reconstruir lo que ve en forma arte para hacerlo denuncia y no olvido.
Él representa a toda una generación que encuentra en este estilo musical  y en la  cultura hip hop en general, no sólo una herramienta de trabajo sino un vehículo para descargar su bronca ante un sistema que lo dejó de lado.
Nada nuevo bajo el sol. Cuando el país la tira a la tribuna, nuevos poetas urbanos aparecen para que “hacerse el boludo”, por lo menos cueste.
El rap en Argentina – que tuvo sus primeros pasos hace más de dos décadas con el Sindicato Argentino de Hip Hop, Actitud María Marta y por supuesto  Illya Kuryaki & The Valderramas – se aleja cada vez más del ghetto y se acopla como movimiento cultural de masas.
Hoy, miles de chicos crean propios contenidos, participan de competencias de freestyles en plazas y estaciones de todo el país, llenan el Luna Park  con la famosa Riña  de Gallos donde  artistas se enfrentan a pura rima y hasta llevan a la Argentina a ganar una Medalla Plateada en Break Dance  en los últimos Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires.

Tal vez te interese leer: Fili Wey: en el nombre del rap, amen.

La verdad en lo colectivo
Agustín Cruz más conocido como Acrues uno de los freestiylers más exitosos de Argentina.  Ídolo de millones que lo siguen en sus redes sociales y  en sus presentaciones. Su último video en YouTube: ‘Román‘ llegó a  las 4 millones de visitas en los primeros 15 días. Con sólo  20 años es un referente de la movida que crece a pasos  agigantados.Acru explicó a Acá También Estamos que el Hip Hop “hay que entenderlo como un colectivo de ramas que permite un caudal más amplio de artistas” y que una de las  características principales del rap es “ser atravesado por la improvisación” y “eso atrae muchísima gente”. “Creo que al ser  el rap un género que viene acompañado de un movimiento cultural interdisciplinario lleva un peso, una identidad  por  un lugar y  un idioma propio”, señala Acru.Además destaca la importancia de las redes sociales en los últimos años para promocionar el movimiento  que quizá  “esté un poco olvidado por los medios convencionales” pero que es amo y señor en la red desde hace varios años:“Desde Internet muchos chicos se acercan al rap, ven competiciones, se enteran de eventos, de quienes participan y demás”, explica.Cuando le preguntamos porqué los jóvenes encuentran en este género un vehículo preferido para expresarse, destaca el “componente de verdad” que tiene el movimiento.“Creo que es un  género que está atravesado por mucha verdad.  Uno conecta con por el manejo de las frases, de la elaboración de la rima, y  en muchos  casos por esa sinceridad o esa pureza que acompaña a las canciones”, explica.“Es un género que arrancó siendo de protesta, contestatario. Lo  que implica una lucha,  y para eso creo que uno tiene que saber quién es, y de dónde viene, por lo cual es fundamentar no mentirse ni mentirle  a los pares. Por eso creo que es un género que tiene la verdad implícita en lo colectivo.”

Tal vez te interese ver: RitmoCapicúa, del subte a las tablas a puro freestyle

Educar para empoderar
Inti Rap es rapero, maestro de ceremonias y uno de los representantes del proyecto de Comuna 4 con el cual prepara talleres y charlas sobre la cultura hip hop para llevar su arte a distintos chicos en barrios humildes  de la Ciudad de Buenos Aires. Y nos cuenta  cuál  es el secreto de la explosión que el movimiento tuvo en los últimos años en Argentina:
“Creo que  el rap vino a empoderar a través de la palabra a un montón de jóvenes que tenían la necesidad de expresarse y  a la vez de sentirse representados”.
En cuanto a la razón que atrae a los sub 25 al movimiento, explicó: “Lo que para mi trae a los chicos es  esto de sentirse representados al escuchar otros raperos, al escuchar  otras letras, otros freestylers y sentir que ellos también pueden decir lo que sentían y que por fin los iban a escuchar”.
Inti explica que hace 20 años el rap estaba visto como algo puramente extranjero. “Lo veían como algo muy yanky para representar las capas populares que en ese momento se  encontraban identificación en la cumbia villera”.
En ese momento aparecen nuevas corrientes que empezaron a unir esos  mundos que parecían irreconciliables:
“Apareció el <<Rap Monobloquero>>”, como los chicos  de Fuerte Apache que utilizaban una   jerga bien de la calle, de los barrios más humildes, y empezaron a abrir puertas y caminos para que esta movida crezca”. A pesar  de eso,  Inti señala que no fue fácil para los nuevos exponentes del género ser aceptados por sus pares “La misma cultura del hip hop los discriminaba porque usaban un lenguaje, digamos, marginal.  Lo cual era completamente irracional, porque justamente el rap viene de los barrios bajos  y querer censurar la palabra de otros porque se cree que tienen más lenguaje me parecía una cosa terrible”, explica el artista.
Inti además cuenta cómo fue llevar el rap a los barrios más vulnerables de la capital del país:
“A partir del rap y la conexión con los pibes del barrio se me abrieron un montón de  puertas.  Que un chico me escriba un rap contándome que asesinaron al tío en el lugar donde vivía y que me esté rapeando esa historia  significa que  puede hacer palabras esas cosa tan  terribles, es –como te decía- empoderarse a través de la música, de la palabra, eso es algo que ellos no encuentran en ningún lugar.”
“En la escuela lo censuran, en la casa no los escuchan, en la calle para hacerse respetar se tienen que pelear, pero en el rap tenés que demostrar, talento, habilidad, y que no importa qué te puedan decir los demás, si vos confías en vos mismo podés  llegar muy lejos”, asevera.
Inti señala “la importancia del contenido” y remarca la diferencia con el trap que  suele tener letras “más banales”  que sólo se centran en “drogas, dinero y putas” y que “es la forma en que los grandes poderes económicos lograron manejar la fuerza que tiene el rap y debilitar su impacto en las mentes de los jóvenes”.

Tal vez te interese leer: Esteban ‘El As’: “Las villas derrochan arte”

Tanto Acru, Inti o Esteban le dedican sus días a contestarle al mundo sólo con su voz como herramienta. Sus contextos suele ser distintos -como era el de Arlt y el de Pity Álvarez-. No viajan en el mismo tren, pero hablan el mismo idioma. Los tres  encontraron en  la capacidad de rimar e improvisar  la forma de desafiar a una realidad que muchas veces los agobia. Llegaron para quedarse  y si algún “Bro” les hace una buena base, nadie los va a callar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: